Hoy traigo unas fotos del pueblo, del pantano, de la hoz y del entorno, incluso parte de los campos y montes de la provincia de Cuenca. Estas últimas tomadas desde el Alto San Julián.
A pesar del frío que hacía la tarde del miércoles, que fue cuando las tomé, aguanté en lo alto del cerro el viento que hacía, que aunque no fuerte sí que era frío. Y es que llevamos unos días que hace de todo: frío, lluvia, aire que algunas ocasiones es viento fuerte y sol.
Ese día, a las ocho de la mañana había 3º C en la terraza, como así marcaba el termómetro. Creo que de madrugada serían menos, pues a la salida del sol hace más frío que cuando lleva ya una hora y algo más luciendo, aunque se vea gris el ambiente. Al bajar a pasear cerca del pantano, noté que hacía más frío que en la terraza, en lo que estuve asomado apoyado en la barandilla en lo que me fumaba un cigarrillo. Y es que abajo el aire viene con más fuerza y por tanto más frío.
Como a las siete seguía el ambiente como durante toda la mañana y primeras horas de la tarde, o sea, con nubes y sol, pero sin llover, me cogí la cámara y el trípode, puse la correa a Suska, me eché al bolsillo una batería de repuesto y tomando el coche me subí al mirador del Alto San Julián. Desde esa altura. la crecida del pantano se va viendo espectacular. Sube de día en día varios centímetros, los que los entendidos trasformarían en hectómetros cúbicos.
Allí, junto al depósito, estuve tomando fotos del pueblo con los campos conquenses de fondo y los molinos de viento sobre una loma cerca de Cañaveruelas, destacando en el horizonte cuando les daba el sol del atardecer. Apenas sin moverme del sitio, nada más que lo justo para cambiar de orientación la cámara, tomé unas cuantas fotos del pantano que queda bajo el mirador, con el viaducto a la derecha y la Boca del Infierno a la izquierda. Aprovechando la postura, enfoqué hacia Las Anclas y los cerros cercanos a Pareja.
Después subí al otro mirador del cerro, el que da al dique y lo primero en que me entretuve fue en hacerle fotos a un buitre leonado que volaba en círculo hacia el cerro del Sagrado Corazón. Creo que era el mismo que un rato antes había estado sobrevolando el pueblo y que yo vi al volar sobre los que nos encontrábamos junto a la puerta del colegio.
Cuando se perdió tras el cerro de la estatua, me dediqué a tomar fotos del pantano junto al dique y al pantano con los montes de Auñón enfrente y hacia la ermita del Madroñal y la Boca del Infierno, que quedaban a mi derecha. Tras hacer unas tomas de las rocas del paso de la carretera, de unas matas con flores amarillas adheridas a ellas, otras de las que hay en el jardín junto al depósito y de este, me monté en el coche y bajando al puerto me dirigí al mirador sobre la hoz, al otro lado del dique.
Tras hacer unas cuantas fotos de la hoz; del río con el reflejo de la luz solar; del puente medieval sobre el Tajo, por el que aun pasa el trazado de la antigua carretera N-320; del tramo de la carretera que circula bajo la roca al comienzo de la bajada; de la central hidroeléctrica y un zoom de sus aislantes, me subí al coche para irme, pues ya me estaba quedando frío.
El ocaso traía demasiado frío como para estar soportándolo allí arriba, esperando a la intemperie, para hacer unas tomas de las nubes rojas por la incidencia del sol. Cosa que podría no ser así, como otras veces me ha pasado, que tras estar esperando un atardecer espectacular, o al menos bonito, las nubes se habían disipado y no había nada que admirar.
Hice unas cuantas fotos más, sobre todo del sol incidiendo en las alturas de las rocas y las copas de los árboles en alto, otras más a la central eléctrica y recogiendo velas, pues viento hacía como para menear un trasatlántico, puse rumbo al pueblo.